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El término alma o ánima (del latín anima)
se refiere a un principio o entidad inmaterial e invisible
que poseerían algunos seres vivos cuyas propiedades y
características varían según diferentes tradiciones y
perspectivas filosóficas o religiosas.
es.wikipedia.org/wiki/Alma |
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¿Qué
tiene que decir la ciencia sobre el alma? Para
contestar a esta pregunta tendremos naturalmente,
que dirigirnos a la psicología, que es de un modo
literal "la ciencia del alma". Pero ahí nos aguarda
una sorpresa, porque descubrimos que la teoría sobre
el alma humana ha sido dejada a un lado en los
libros y estudios de psicología.
Muchos psicólogos incluso se reirían con tolerancia
si hablásemos de la mente en sí como algo separado
del cerebro. Todo tiene que ser físico para ser
real, de acuerdo con dicho criterio, y cualquier
cosa no-física o espiritual como se supone que es el
alma, sencillamente no es posible. Tal concepción ha
de rechazarse como una simple superstición.
Quienes piensan así confían en que los principios de
la física sirvan para explicar todo lo que llamamos
"mental", si continúa expandiéndose como hasta ahora
está ocurriendo.
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Sin embargo, ocurren algunas cosas de vez en cuando
que no encajan con este enfoque meramente físico del
hombre. Por ejemplo: de pronto, una persona tiene un
sueño horrible en el que ve agonizar a un pariente o
amigo. El sueño estremecedor resulta que sucede en
la realidad y en el mismo momento en que se soñó
estaba ocurriendo, aun cuando el pariente o el amigo
muerto se hallaba a miles de kilómetros de
distancia.
Lo más extraño de esto es, en algunos casos, que el
suceso visto en sueños no se produce sino horas o
días después de soñado; sin embargo, la visión del
hecho es exacta e incluso rica en detalles. La
primera idea es por supuesto que tales experiencias
son meras casualidades. Poca gente intenta pasar de
esta primera y simple explicación; pero, por suerte,
algunos van más allá. Y cuando se estudia un buen
número de tales experiencias, pierden toda
apariencia de accidentalidad. El procedimiento
científico a seguir consiste en poner manos a la
obra con el fin de descubrir lo que hay detrás de
tales hechos.
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Evidentemente, si alguna de esas experiencias
"psíquicas" demostrara que la mente tiene el poder
de estar por encima del espacio y del tiempo,
resultaría claro que es trascendente a las leyes
físicas. Quedaría demostrado entonces que la mente
es un sistema espiritual y no físico. Sería una
pista hacia el descubrimiento del alma. Sólo una
pista y nada más; pero proporcionaría el camino
necesario para llegar a las pruebas seguras.
De tales experiencias psíquicas derivaron los test
ESP (extrasensory perception - percepción
extrasensorial-), lo cual incluye telepatía y
clarividencia. En otras palabras: la telepatía y la
clarividencia son dos modos diferentes de adquirir
conocimientos sin el empleo de los órganos
sensoriales conocidos, tales como los ojos, oídos,
etc. Una prueba de telepatía consiste en que una
persona "adivine" qué carta, número u otro símbolo
cualquiera tiene en la memoria otra persona, la
cual, digámoslo de paso, se halla en otra habitación
distinta. En la clarividencia, es el objeto en sí, y
no su símbolo pensado por otra persona, lo que el
clarividente debe percibir. En síntesis: en la
telepatía es la ESP del estado mental de una persona
lo que se capta; en la clarividencia es la ESP de
objeto.
En 1930 un pequeño grupo de psicólogos comenzamos en
la Universidad de Duke una serie de experimentos ESP
de ambos tipos, telepatía y clarividencia. Esta
labor estaba patrocinada por el gran psicólogo
británico William Mc Dougall, miembro de la Real
Sociedad de Ciencias, que era a la sazón director
del departamento de Psicología de Duke. Esta tarea
se llevó a cabo en el Laboratorio de Parapsicología,
y no fue en modo alguno el primer experimento de su
género, ya que se habían realizado otros en diversas
partes, incluso en algunas Universidades, durante
los últimos cincuenta años. Pero ninguno de ellos
fueron experimentos sistemáticos que siguieran la
investigación de los problemas durante años, como ha
sucedido en Duke. Esta Universidad fue la primera en
ofrecer un asilo permanente a las búsquedas activas
sobre los problemas psíquicos.
Los investigadores del Laboratorio de Parapsicología
hallaron pruebas confirmativas de ambos tipos de ESP,
telepatía y clarividencia. Desarrollaron y
sistematizaron nuevos test, facilitando así la
repetición de los experimentos. Esto suscitó la
iniciación de un movimiento de experimentación sobre
lo extrasensorial, que se esparció a muchas
instituciones nacionales y del exterior. Se tomaron
cuidadosas precauciones para asegurar que no fuera
posible la introducción de elementos sensoriales en
los experimentos, así como contra cualquier tipo de
error que pudiera afectar los resultados. Los test
fueron de tal naturaleza que sus resultados pueden
evaluarse bajo normas standard y métodos
estadísticos aceptados por todo el mundo. Se puede
demostrar fácilmente que los resultados obtenidos no
pueden atribuirse en modo alguno a errores,
casualidades o fallas experimentales de cualquier
tipo.
Una vez que los experimentadores estuvieron
satisfechos sobre la garantía de que los fenómenos
sólo podían realmente ser extrasensoriales,
comenzaron a trabajar en la vital cuestión de
determinar qué relación pudieran tener con el mundo
físico. ¿La telepatía y la clarividencia se rigen
estrictamente por leyes físicas? ¿O van más allá y
trascienden los límites de la física como parecen
demostrar las experiencias espontáneas?
Por suerte fue cosa muy fácil poner a prueba el ESP
con relación al espacio. Por ejemplo: sólo
necesitábamos efectuar experimentos poniendo una
gran distancia entre las cartas y la persona que
trataba de adivinarlas por ESP y luego comparar los
resultados obtenidos con las mismas pruebas de corta
distancia. Tanto la telepatía como la clarividencia
demostraron que la prueba sobre grandes distancias
daban idénticos resultados que las realizadas a
corta distancia. La distancia, medida en metros,
kilómetros o cientos de kilómetros, no introducía la
menor alteración en el resultado de los
experimentos. Al mismo tiempo, todas las barreras
físicas, naturales o artificiales tampoco afectaban
para nada las pruebas en cuestión.
Pero ¿y el tiempo? Pensamos que si el espacio no
influía al ESP era de esperar que el tiempo tampoco
influyera en él para nada. Los test extrasensoriales
sobre el futuro o premonitores demostraron que las
personas capaces de identificar por ESP las cartas a
cualquier distancia podían también predecir el orden
en que saldrían las cartas después de haber sido
barajado el mazo. Descubrimos que acertaban igual en
los mazos barajados mecánicamente que en los
barajados a mano. No sólo eso, sino que lograron
anticipar el orden de aparición de las cartas, diez,
ocho, seis o dos días antes. Por lo tanto, la
dimensión del tiempo no introducía diferencia alguna
en cuanto al resultado de los experimentos.
Ante tales experimentos sólo había una explicación
posible: que la mente del hombre trasciende de algún modo
las limitaciones de tiempo y espacio del mundo físico por
medio de esa capacidad que estamos denominando "percepción
extrasensorial".
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Y cuando estos experimentos fueron
confirmados por otros investigadores en diversos
laboratorios quedó firmemente establecida la conclusión de
que la mente posee propiedades que no pertenecen a la
física, al menos tal y como la concebimos actualmente. Y
como el espacio y el tiempo son los índices más seguros
sobre lo que es físico, la mente debe, por consiguiente,
ser de naturaleza extrafísica o espiritual. Y todo cuanto
decimos al expresar la palabra "almas" respecto al hombre
es que la mente es de carácter no-físico, o sea,
espiritual. Por lo tanto, los experimentos ESP han
proporcionado la prueba sobre la existencia del alma
humana.
Para algunas gentes, esto constituirá un minúsculo
principio sobre el problema del alma. Y ciertamente no
debemos exagerar la importancia de estos hallazgos. A
decir verdad, no hemos hecho más que obtener una evidencia
sobre un tipo elemental de teoría del alma. Hay, desde
luego, mucho más en el concepto religioso del alma en
relación con lo poco que nosotros hemos descubierto.
Quedan en pie los mayores problemas. ¿Es susceptible el
alma de separarse del cuerpo? ¿Puede sobrevivir a la
muerte del cuerpo? Si es así, ¿pueden las almas
desencarnadas tener contacto con los vivos o influir sobre
ellos de algún modo? ¿Qué hay sobre la idea de un alma
universal, o sea, Dios? ¿Qué de la comunicación entre las
almas, y especialmente de las almas de los hombres con
Dios? Estas y muchas otras cuestiones fundamentales de las
doctrinas religiosas no han sido abordadas por ninguno de
los puntos enfocados en el presente artículo.
Pero tenemos derecho a concluir que el concepto físico del
hombre, prevaleciente en los círculos intelectuales, desde
el auge del materialismo, está comprobado que es falso sin
duda alguna.
Hay algo -cuánto, es cosa que ignoramos- en los humanos
que es definitivamente extrafísico.
Hay un tipo de realidad en la existencia humana que no
está sujeta a las leyes del tiempo y el espacio.
Pero es importante reconocer también las tremendas
posibilidades que podemos entrever. La teoría del alma
humana nos da mucha materia para construir y avanzar algo
sobre los problemas religiosos. Hemos verificado los
fundamentos esenciales sobre los cuales se erigió en
principio la filosofía espiritual del hombre. Queda
librado a la investigación científica sobre la
personalidad humana, su naturaleza y su destino. En suma:
emprender la tarea de resolver los grandes problemas de la
religión.
En otra época la investigación experimental de los
problemas religiosos hubiera chocado con la enérgica
oposición de las Iglesias y los dogmas. Todavía quedan
muchos ortodoxos conservadores que se sentirán heridos por
la intrusión de la ciencia en el dominio de lo que ellos
consideran debe ser pura fe. Pero un buen número de
personas religiosas desean que se investigue a fondo para
descubrir nuevos datos tangibles sobre la mente y el alma
humana, así como todas sus inmensas potencialidades.
Aunque resulte sorprendente, la principal oposición la
hemos encontrado en los representantes de la ciencia
ortodoxa. Los hombres de ciencia conservadores tienen
temor ante cualquier división de la naturaleza. Es tal su
temor ante cualquier dualismo como el del alma y el
cuerpo, que se niegan a mirar y examinar cualquier prueba
que se les presente para confirmar la existencia de tal
dualidad. Esta actitud carece de fundamento, porque si,
como muchos de nosotros sostenemos hoy, el hombre tiene un
cuerpo y un alma. Netamente distintos, ambos siguen
formando en cierto modo un todo único.
Uno y otro se hallan sometidos a la recíproca interacción,
y, por consiguiente, es forzoso que tengan algo en común.
Dos cosas no pueden afectarse entre sí cuando difieren en
cada uno de sus puntos. Vemos, por lo tanto que debe haber
un mundo de ocultas realidades, que probablemente no es ni
físico ni mental en la forma en que concebimos ambos
conceptos, de cuyo mundo emanen en principio las
manifestaciones de la mente y del cuerpo, o sea, de la
psíquico y de lo físico. Este reino, que está por encima
de la mente y la materia, está ahí, pero es casi tan
desconocido como el Continente Americano para Colón antes
del Descubrimiento, y aguarda que algún afortunado
explorador del futuro lo descubra. Pero habrá de ser
alguien que, al igual que el gran navegante genovés, tenga
la audacia necesaria para poner en duda la validez de las
cartas de mareas existentes sobre el conocimiento y la
creencia y que se ponga a investigar por su cuenta.
En 1934 Rhine y su equipo iniciaron el estudio de la
psicoquinesis, estudio que demostró el poder de la mente
sobre la materia. Dejó de ser una mera teoría y pasó a ser
una realidad científica. Hicieron un aparato que permitía
lanzar mecánicamente los dados. Millones de veces han sido
esos dados lanzados. Se encontraron personas paranormales
y con ellas se confirmó que con la fuerza mental influían
en los dados para que dieran determinada cifra o
combinación de números, sin que hubiera contacto físico
con ellos. Las pruebas hechas a distancia consiguieron un
resultado similar. Los aciertos superaron todas las
probabilidades matemáticas de una contra varios millones
que pudiera suceder por azar o casualidad.
La Psicoquinesis es real, puede la mente humana influir
sobre la materia. En este instante, mientras lees este
párrafo, tu mente realiza en tu cerebro la mayor
psicoquinesis imaginada, movilizando partículas de
hidrógeno, carbono, oxígeno de una célula a otra; dando
forma a moléculas diversas, combinándolas, movilizándolas
y creando nueva materia con la fuerza mental.
En 1949 el profesor sir Alister Hardy señaló en la
Sociedad de Zoología:
Hay otro asunto que debe mencionarse si se desea ser
intelectualmente honesto. Ha aparecido en el horizonte
algo que muchos de nosotros no deseamos ver. Si se nos
llama la atención sobre él, decimos: ¡No. No puede estar
allí; nuestras doctrinas dicen que es imposible! Me
refiero a la telepatía, la comunicación de una mente con
otra por medios distintos de los sentidos normales. Creo
que nadie que estudie las pruebas con una mente imparcial
podría rechazarlo... Quizá no sea ortodoxo para un zoólogo
presentar este tema; pero yo lo hago por una razón. Dando
por establecida la telepatía, como creo, tal
descubrimiento de características revolucionarias nos
obligaría a mantener abiertas nuestras mentes ante la
posibilidad de que exista en los seres vivos y en su
evolución mucho más de lo que la ciencia nos ha permitido
esperar hasta ahora.
Lord Rayleigh sugirió que toda hipótesis de radiaciones
físicas, de rayos mentales de un cerebro a otro cerebro,
deben ser desechadas, pues todos los tipos de energía
física conocidos decaen inversamente al cuadrado de la
distancia desde la fuente, y la telepatía, clarividencia y
precognición no se ven afectados por la distancia.
La ciencia ha demostrado con la electro-fotografía Kirlian
que de las manos de sanadores surge una potente energía,
muy superior y más intensa que la media normal. Con
modernos equipos destinados al estudio de las partículas
cósmicas, se ha comprobado que ciertas personas
"paranormales" emiten una poderosa energía, la cual puede
actuar a distancia. No se conoce cuál es la energía que se
irradia en el acto de la sanación, sí, al menos, ya se la
reconoce como algo real, pero de carácter desconocido,
dado que está más allá del tiempo y el espacio. Es uno de
los poderes de la mente, se señala.
Se ha confirmado que las personas que se mantienen
intelectualmente activas pueden obtener mejores
puntuaciones en los test de inteligencia después de los 60
años de edad. Resulta que el acto de pensar aumenta la
oxigenación cerebral, a mayor oxigenación mejor capacidad
metabólica.
Los estudios hechos a pacientes que han tenido curaciones
espontáneas de cáncer, han señalado un perfil psicológico
especial para esos pacientes. Justo antes de lograrse la
curación tienen la sensación que sanarán y que la fuerza
responsable de su curación está en su interior. Captan que
no están limitados al cuerpo físico, sino que todo el
entorno es parte de sí mismos. Es un salto cuántico de
conciencia, un despertar que hace canalizar de manera
natural la fuerza de sanación hacia el tumor maligno.
Ocurre un repentino salto cuántico desde una realidad
superior hacia la realidad física. Siendo ese salto de
conciencia el que obra el "milagro". Resulta que todos
tenemos esa conciencia y esa fuerza interior, pero no
todos tenemos la motivación, ganas de vivir y fe para
usarla. Pero si uno se lo propone, puede usar la fuerza de
la realidad interior, cambiando de manera positiva la
realidad exterior. Es decir, se estudia en varios niveles
la curación del cáncer mediante el poder mental, siendo el
deseo de sanar considerado como fundamental para lograr la
sanación.
A los dos años de edad nuestro cerebro completa su número
de neuronas, entre 10 y 15 mil millones. A diferencia de
otras células, la neurona no se regenera al morir. A los
30 años de edad las neuronas comienzan a morir y su número
disminuye hasta alcanzar en la edad avanzada la cifra de
1.000 millones o algo más, de neuronas muertas. Sin
embargo, igual quedan muchas, pero muchas más vivas. Lo
importante, de acuerdo a la ciencia, es mantener siempre,
sin importar la edad, una actitud mental activa, dado que
con cada pensamiento nuevo estamos creando nuevas
dendritas o interconexiones neuronales para nuevos módulos
de pensamientos. Cada neurona tiene entre 1.000 y 500.000
dendritas o ramificaciones, y cada pensamiento permite
crear nuevas dendritas en un grupo de neuronas, es decir,
permite ampliar la capacidad de intercomunicación
cerebral. Al crearse mediante el poder de los pensamientos
nuevas dendritas, las neuronas abren nuevos canales para
la comunicación cerebral, y surgen nuevos módulos de
pensamientos afines o se refuerzan módulos ya existentes.
No hay edad para la creación de dendritas, para el cerebro
no hay vejez, la vejez es un estado mental erróneo, quien
se siente joven: Lúcido y creativo vivirá y morirá. El
hábito de pensar, de recordar y de estar mentalmente
activos es el que nos permite ampliar la capacidad de
nuestro computador biológico llamado cerebro. Las señales
cerebrales se transmiten en ambas direcciones, al igual
que durante una conversación telefónica. Al tener un
cerebro más desarrollado, podemos manifestar más y mejor
la capacidad mental. Al manifestar más capacidad mental,
más desarrollo cerebral logramos.
El premio Nobel sir John Eccles hablando en un seminario
de parapsicología destacó:
"Si quieren ver un verdadero acto de psicoquinesis
contemplen las proezas de la mente sobre la materia que se
realizan en el cerebro. Es asombroso que con cada
pensamiento, la mente sea capaz de mover los átomos de
hidrógeno, carbono, oxígeno y otras partículas de las
células del cerebro. Pareciera que nada está más alejado
de un pensamiento, carente de sustancia, que la sólida
materia gris cerebral. Todo el truco se consigue sin
ninguna vinculación aparente."
Cada célula está dotada de inteligencia y unida al
conjunto mediante inteligencia. Usando la tomografía de
emisión de positrones, se hicieron estudios inyectando
glucosa radioactiva en voluntarios de diferentes edades.
Dos cosas demostró la ciencia: La primera fue que no había
diferencias significativas entre el metabolismo cerebral
de personas jóvenes y ancianas. La segunda reforzó el
planteamiento de que el cuerpo es una imagen
tridimensional de lo que estamos pensando. Todo el cuerpo
proyecta nuestros pensamientos, y cambia ante cada
situación mental.
Un neurotransmisor, o sustancia química que permite
interactuar a las neuronas por medio de sus dendritas y a
distancia mediante la circulación de la sangre, responde a
la velocidad del rayo a un pensamiento y llega a todo el
organismo con su mensaje codificado, que cada célula
decodifica. Son cientos estos productos químicos fruto de
la fuerza mental, representan la expresión física de los
pensamientos, y no sólo se producen en las neuronas
cerebrales. Todo el cuerpo es pensante y es la expresión y
creación de la inteligencia creativa.
Fuente:
http://www.formarse.com.ar/
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El alma
existe, pesa 21 gramos, entre neurotransmisores del
cerebro; institutos de EU profundizan hallazgo de Crick
El
alma existe. No en términos metafísicos, sino concreta y
científicamente. Está situada en la marea de
neurotransmisores y los recovecos de las estructuras
cerebrales. Esos 21 gramos que se desvanecen cuando
morimos y que mantienen nuestra conciencia activa; ese
espíritu apenas perceptible que, según los creyentes, va
al cielo o al limbo. Esa quimera, ese suspiro… ya tiene
explicación científica. Los primeros esbozos de lo que
ahora sabemos, fueron resultado de años de investigación
de un hombre irrepetible en la historia de la ciencia.
Francis Crick, el mismo físico metido a biólogo que ganó
el Premio Nóbel en 1962 por describir, junto con James
Watson, la estructura tridimensional de doble hélice del
ADN en 1953, dedicó más de 50 años a buscar lo que podemos
entender como alma y que algunos llaman conciencia. En un
laboratorio construido especialmente para él frente al
mar, en el Salk Institute, una prestigiada institución de
estudios de biología en San Diego, Crick se dedicó a la
búsqueda científica de la conciencia, quizá lo más
familiar y cotidiano pero al mismo tiempo, lo más
fascinante y misterioso. Nada hay que conozcamos más
directamente que nuestra propia conciencia, pero también
no hay nada más difícil de explicar. ¿Porqué existe? ¿Cómo
funciona? ¿Dónde se aloja? La caja negra. “Tú, tus
alegrías, tus tristezas, tus recuerdos y tus ambiciones,
tu sentido de la identidad y voluntad personales, no son
en el fondo más que la conducta de unas células nerviosas
y de sus moléculas asociadas… Como habría podido decir la
Alicia de Lewis Caroll: no somos más que un montón de
neuronas”. Así comenzó Crick el manuscrito de su libro “La
hipótesis asombrosa”, que refleja el fuerte carácter
reduccionista del autor, cuya búsqueda científica del alma
daba fin a largos años de conductismo y de desdén por el
tema de la mayoría de los neurobiólogos. El primer paso
consistió en la afirmación de Crick de dejar de considerar
a la conciencia como algo indefinible, y lo que es peor,
inasible para estudiar. El cerebro, en opinión de Crick,
se consideraba algo así como una caja negra, es decir, un
objeto cuya estructura interna es desconocida y hasta
irrelevante. Sólo estudiando las neuronas y las distintas
interacciones, así como los neurotransmisores que circulan
entre ellas, no podrían los científicos construir modelos
análogos a los que explican la herencia en términos de
ADN, tema en el que Crick era la máxima autoridad moral.
Así, Crick consiguió que la existencia del alma dejara de
ser un tema filosófico para pasar a ser un problema
empírico. Para los años en que Crick y sus colaboradores
empezaron a estudiar el tema a fondo, la conciencia
visual, es decir, lo que vemos y cómo lo interpretamos, ya
estaba suficientemente cartografiados en nuestro cerebro,
gracias a los avances en tomografía axial. Nada más abrir
los ojos, y comenzamos a interpretar lo que vemos, por lo
que se disparan una gran cantidad de señales por todo el
cerebro, catalogando, emulando, recordando, midiendo. Es
lo que llamamos “tomar conciencia” de dónde estamos. SI
alguien nos ofrece un objeto, digamos una pluma, nuestros
circuitos neuronales toman una serie impresionante de
“bites de computación”, afirma Crick en su explicación, y
nosotros tenemos la impresión de que “tomamos la decisión”
de tomarla o rechazarla. “La verdad es que somos
concientes de que tomamos una decisión, no de qué nos hizo
tomarla”, explica. A cualquiera le da la impresión de que
tomarla o dejarla es un acto libre. La conciencia es mucho
más que la transmisión de información y su proceso. El
secreto, afirma Crick, está en la atención. Ilusión
óptica. Todos hemos estado frente a imágenes que parecen
una cosa a primera vista, pero un segundo después parece
otra. Es famosa la figura de una mujer joven que puede ser
al mismo tiempo una anciana. (Figura 1) La primera
“interpretación” trae a nuestra “conciencia” un cúmulo de
ideas y sensaciones, y al “cambiar de switch”, son
sustituidas inmediatamente por otras, además de la
confusión posterior. El cambio en el cerebro que
corresponde a nuestra modificación en la atención es la
respuesta que dio Crick al gran misterio de la conciencia.
Cuando el córtex visual (la parte del cerebro que se
“ilumina” cuando observamos algo) responde al estímulo,
ciertos grupos de neuronas se disparan muy de prisa y en
sincronía. Éstas, lla madas neuronas oscilantes,
corresponden a aspectos del escenario al que se está
poniendo atención (la mujer joven del ejemplo). Las
neuronas, en un recurso metafórico, reaccionan como un
grupo de personas que se ponen a cantar la misma canción.
Al cambiar de foco de atención, otra serie de personas
(neuronas) cantará una canción diferente. Esta, llamada
teoría de la oscilación, semeja también a un cardumen de
peces que obedecen órdenes y reaccionan de manera
sincrónica, a la perfección. Crick se pasó el resto de su
vida, hasta que murió en 2004, haciendo experimentos sobre
esta base. “Experimentar, eso es ciencia, no
especulación”, afirmaba entusiasmado cada vez que avanzaba
en sus ideas. Cuando el equipo experimentó con personas
invidentes, el sonido emulaba a la perfección estas
ondulaciones neuronales, más allá de que la memoria visual
estuviera completamente clausurada. Es decir, la
“conciencia” construye entonces vías alternas. La
genética, la información transmitida por los seres humanos
desde las cuevas de Altamira, hasta la Tomografía por
Emisión de Positrones, nos refuerza que lo que sabemos y
conocemos es gracias a que lo podemos transmitir e
interpretar. Cuando la actividad cesa aparentemente, es
decir, cuando dormimos, nuestras redes neurales y sus
neurotransmisores siguen su trabajo, hasta que morimos.
Por ello, aún gemelos idénticos tienen almas diferentes,
ya que siempre, en algún momento, uno mira hacia un lado y
el otro, hacia el lado contrario. Es decir, construyen
experiencias, memoria, e interpretaciones diferentes. Al
morir, y sólo al morir, la actividad eléctrica y química
de nuestro cerebro se detiene realmente, y entonces sí,
nuestra alma cesa. Es, en palabras del propio Crick,
“materia sin chispa”.
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=179413
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Primera fotografía del alma humana.
Se dice que el hecho ocurrió en un hospital de
Frankfurt, en Alemania. Allí, una
paciente, Karin Fischer, una ama de casa de 32 años,
estaba a punto de ser sometida a una intervención
quirúrgica considerada por los médicos de regular
dificultad: iban a corregirle unas válvulas
defectuosas que tenía implantada en el corazón.
Sin embargo, algo pasó en esa operación, de pronto,
su estado empeoró y tras una serie de complicaciones
las doce personas que rodeaban la mesa de cirugía,
entre médicos, cirujanos y enfermeras, no pudieron
salvar la vida de su paciente. Fue así como luego de
cuarenta y cinco minutos de intervención,
Karin Fischer dejó este mundo, pero no lo
hizo de una manera común, si no, que para sorpresa
de muchos, dejó tras de sí una prueba que habría
revolucionado el mundo de la medicina y la ciencia:
Al morir, el alma de
Fischer, habría sido nada menos que
fotografiada.
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La fotografía del alma
Peter Valentín, fue uno de los
médicos que asistió a esa cirugía. Debido a la
sencillez de la operación, el doctor, quien también
era profesor y director del Departamento de
Divulgación Didáctica del citado hospital, decidió
realizar algunas fotografías de la operación para
que luego pudiera servir de manera didáctica para
sus alumnos.
Y fueron justamente estas fotografías,
las que días después le revelarían a este escéptico
hombre de ciencia aquella verdad que siempre le
pareció imposible de que pudiera suceder: al revisar
las tomas que había realizado durante la operación
notó que en una de las fotografías,
justo aquella que se tomó en el momento exacto en
que Fischer falleció, se mostraba con total
claridad, cómo una forma humana y transparente se
elevaba hacia el techo de la sala de operaciones con
los brazos abiertos en símbolo de ascensión.
Su primera impresión fue que alguien le habría
jugado una broma que de alguna manera alguien había
realizado un montaje sorprendente, es debido a esto
que Valentín, llevó las tomas a un experto para que
descubriera el engaño, sin embargo, las conclusiones
del perito fueron claras, la foto era auténtica, era
real.
En las manos del Vaticano
Una vez que tanto aquel experto como otros tantos,
certificaran la autenticidad de la fotografía, el
médico decidió acudir al párroco del hospital, el
mismo que acreditó también que aquella era la imagen
fidedigna de un alma humana. El religioso de
inmediato convenció al médico para que divulgue la
noticia y tal fue el estruendo de la misma que ésta
llegó a oídos del Vaticano, que de
inmediato pidió la fotografía para hacerle sus
propios exámenes.
Según se cuenta fue el propio Papa Juan
Pablo II, quien se mostró muy interesado en
llevar a cabo la investigación del caso. Hasta la
fecha, no ha habido respuesta oficial de la
Santa Sede aunque se comenta que las
primeras impresiones de los científicos de la
Iglesia Católica fueron positivas
para el fenómeno.
¿Verdad o leyenda urbana?
Sin embargo, esta historia pareciera ser después de
todo nada más que una leyenda urbana. En principio
podemos indicar los puntos que nos impiden
considerar esta historia como verdadera.
Primero, y tomando como base el océano de datos e
informaciones que es Internet, resulta curioso que
sólo exista un solo artículo referido a este caso,
un artículo además traducido en todos los idiomas,
si uno busca un poco en Google, el
artículo que encuentren comenzará así: “Una
operación quirúrgica que se complica, una paciente
muerta y una foto misteriosa que ofrece una versión
sorprendente de lo que sucedió en el quirófano”,
y es ese el único que de manera distinta o idéntica
cuenta lo mismo usando los mismos datos.
Segundo, justamente el artículo de esta página
también ha sido escrito sobre la base de ese único
documento. He intentado conseguir más datos pero ha
sido imposible ¿por qué más datos? Porque
evidentemente, el amigo lector habrá notado que
existen varios vacíos importantísimos dentro de la
historia (sobre todo si se considera que es de valor
periodístico) como por ejemplo, y esto es básico, la
fecha en que ocurrió el hecho. En ninguno de los
artículos publicados en Internet se conoce la fecha
de este hecho, nos dan una pista (si acaso el hecho
fuera verdad) y es que según el relato, la
fotografía fue vista por Juan Pablo II,
y como sabemos, el reinado del Papa duró entre 1978
y el 2005, es decir, en cualquiera de estas fechas
pudo haber ocurrido este hecho. Otro punto conforme
a la falta de datos, es que resulta curioso que no
se menciona el nombre del hospital, sólo se le
menciona como Hospital de Frankfurt, emisión extraña
para tratarse de una noticia tan importante.
Por estos motivos en Secretos del Vaticano
dudamos de esta historia, no obstante, nos pareció
correcto publicarla debido a que muchos la
consideran, pese a las dudas que hemos esgrimido,
como cierta. Sea como fuere, nosotros no dudamos de
la existencia o no del alma, es más, consideramos
que sí existe, pero tenemos grandes dudas respecto a
este caso en concreto.
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