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Civilización o Cultura Caral
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Ubicación
El sitio arqueológico de Caral se encuentra en el
departamento de Lima, provincia de Barranca,
distrito de Supe, en el valle medio del río Supe, en
la costa norcentral del Perú, a 350 m sobre el nivel
mar. Está ubicado en una terraza aluvial, en la
margen izquierda del río. El clima es templado, el
río lleva agua sólo en los meses de verano, aunque
en la zona hay afloramientos de agua por la poca
profundidad de la napa freática.
La ciudad de Caral fue construida por una de las más
importantes civilizaciones del planeta, creada por
el trabajo organizado de sus pobladores en un
territorio de configuraciones geográficas
contrastadas.
Orígenes de las
Civilizaciones en el Mundo
Hace 5 millones de años que los seres humanos
iniciaron el poblamiento del planeta, pero sólo 6
mil años atrás empezaron a construir centros urbanos
y a integrar redes de interacción a largas
distancias. |
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Seis sociedades en todo el mundo pudieron cambiar
sus modos de vida y generar las condiciones que
hicieron posible la civilización, el Estado y la
formación de las ciudades: Mesopotamia, Egipto,
India, Perú, China y Mesoamérica. Es importante
conocer cada una de estas civilizaciones porque
ellas influyeron en el desenvolvimiento de otras
poblaciones contemporáneas y tuvieron un rol
fundamental en el desarrollo de las sociedades que
las sucedieron en el tiempo.
Pero a diferencia de las civilizaciones del viejo
mundo, que mantuvieron entre ellas un sistema de
interacción e intercambio de bienes y conocimientos
que les permitió aprovechar de las experiencias del
conjunto, en el Perú el proceso se dio en total
aislamiento, pues Caral se adelantó en, por lo
menos, 1500 años a Mesoamérica desarrollándose en el
2500 al 1600 ac., constituyendo el otro foco
civilizatorio del Nuevo Continente.
Descubrimiento arqueológico |
El primero que llamó la atención
sobre Caral fue el estadounidense Paul Kosok, quien
visitó el lugar junto con el arqueólogo
estadounidense Richard Schaedel en 1949. En su
informe, publicado en el libro Life, Land and Water
in Ancient Perú, en 1965, mencionó que Chupicigarro
(como se le conocía a Caral entonces) debía ser muy
antiguo, pero no pudo mostrar cuánto. En 1975 el
arquitecto peruano Carlos Williams hizo un registro
de la mayoría de los sitios arqueológicos en el
valle de Supe, entre los cuales registró a
Chupicigarro, a partir del cual hizo algunas
observaciones sobre el desarrollo de la arquitectura
en los Andes, que presentó en el artículo A Scheme
for the Early Monumental Architecture of the Central
Coast of Perú, publicado en 1985 en el libro Early
Ceremonial Architecture in the Andes. El arqueólogo
francés Frederic Engel visitó el lugar en 1979,
levantando un plano y excavando en el mismo. En su
libro De las Begonias al Maíz, publicado en 1987,
Engel afirmó que Chupacigarro (como aún se conocía a
Caral) pudo haber sido construido antes de la
aparición de la cerámica en los Andes (1800 aC),
pero sus afirmaciones no fueron aceptadas por los
arqueólogos andinos.
En 1994 Ruth Shady recorrió
nuevamente el valle de Supe e identificó 18 sitios
con las mismas características arquitectónicas,
entre los cuales se encontraban los 4 conocidos como
Chupicigarro Grande, Chupicigarro Centro,
Chupicigarro Oeste y Chupicigarro. Para
diferenciarlos Shady los denominó, Caral,
Chupicigarro, Miraya y Lurihuasi. Caral, Miraya y
Lurihuasi son los nombres quechua de los poblados
más cercanos a los sitios. Chupicigarro es el nombre
español de un ave del lugar. Shady excavó en Caral a
partir de 1996 y presentó sus datos por primera vez
en 1997, en el libro La Ciudad Sagrada de Caral-Supe
en los albores de la civilización en el Perú. En ese
libro sustentó abiertamente la antigüedad
precerámica de Caral, afirmación que consolidó de
manera irrefutable en los años siguientes, a través
de excavaciones intensivas en el lugar.
El Proyecto Especial Arqueológico
Caral-Supe está a cargo de los trabajos in situ. La
arqueóloga Ruth Shady, viaja a esta ciudad en forma
permanente para continuar el trabajo de las
excavaciones y descubrimientos en esta parte de un
país arqueológicamente rico y de diversas culturas
milenarias. |
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Caral-Perú: Las Pirámides Perdidas
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Importancia
Vista aérea del anfiteatro de Caral. Muchos
conocen Cusco como la capital del Imperio Inca
y Machu Picchu como el predio de uno de los
últimos incas; pero pocos todavía saben que la
Ciudad Sagrada de Caral fue edificada por el
primer Estado político que se formó en el Perú
4400 años antes que gobernaran los incas.
Caral-Supe representa a la civilización más
antigua de América, desarrollada casi
simultáneamente con las de Mesopotamia,
Egipto, India y China. Los habitantes del Perú
se adelantaron en, por lo menos, 1500 años a
los de Mesoamérica, el otro foco civilizatorio
de los seis reconocidos mundialmente, y en más
de 3000 años a la sociedad que edificó las
reconocidas ciudades mayas.
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El precoz desarrollo de la sociedad
de Caral-Supe la convirtió en la civilización más antigua
del Nuevo Mundo pero, a diferencia de otros focos
civilizatorios, como Mesopotamia, Egipto e India, que
intercambiaron conocimientos y experiencias, logró un
avance sin precedentes en completo aislamiento de sus
coetáneas de América y del Viejo Mundo.
En el Perú, las formas de organización económica, social y
política de las poblaciones de Caral-Supe causaron fuerte
impacto en la historia del área; trascendieron el espacio
y el tiempo, y sentaron las bases del sistema
sociopolítico que tendrían las poblaciones de los Andes
Centrales.
En el área norcentral del Perú, el modelo de organización
diseñado e implementado por el Estado de Supe, condujo por
varios siglos el accionar de los individuos en los
diferentes campos: económico, social, político y
religioso.
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El Quipu más
antiguo
Imagen de un quipu, el sistema de contabilidad que usaban los
habitantes peruanos de hace 5000 años y que forma parte de la
exposición "La civilización de Caral - Supe, 5000 años de
identidad cultural en Perú" en Lima. Se informó que los
arqueólogos del Proyecto Caral hallaron recientemente un
quipu con una antigüedad aproximadamente de dos mil años
antes de Cristo, una cangrejera, antaras, sonajeras y
pelotas, entre otras cosas.
Los quipus son ramales de cuerdas, con nudos y varios
colores, con los que los antiguos peruanos daban razón de las
historias, noticias y de las cuentas.
Según el arqueólogo Carlos Leiva, miembro del proyecto Caral,
son una forma de registro igual de válida que la cuneiforme o
jeroglífica usada por los mesopotámicos o los egipcios.
El Quipu es un mecanismo de nudos utilizado para transmitir
información detallada. El haber encontrado uno en la ciudad
más antigua de América, revela que hace 5.000 años ya existía
un sistema de escritura en esta parte del mundo. En la
imagen, la arqueóloga peruana Ruth Shady muestra una figura
durante una exhibición en el Museo Nacional de Lima el 18 de
julio de 2005. |
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Datos interesantes de Caral
El descubrimiento de Caral, por sus características, es
uno de los más importantes de los últimos años para la
arqueología mundial. Una de las peculiaridades que hasta
la fecha llama la atención es que no se haya descubierto
ningún complejo militar en esta zona.
En Caral no hay indicios de violencia militar, aunque sí
hubo violencia para aquel que no cumplía con las normas
de la sociedad; el control se hacía a través de la
religión. Fue la religión el instrumento de control y
coerción que la sociedad tuvo, y que fue ejercido por el
grupo que la dirigía. El poder en la población de Caral
lo detentaba un grupo de individuos, sobre la base de
sus conocimientos directamente vinculados con la
reproducción de las condiciones materiales para la
supervivencia de la población. Este grupo de dirigentes
era el encargado de hacer las observaciones astronómicas
para elaborar el calendario y así indicar los períodos
de tiempo más convenientes para realizar las diversas
actividades económicas. Ellos fijaban las fechas de la
siembra y de la cosecha; dirigían la construcción de las
terrazas de cultivo y la apertura de los canales de
riego; conducían el comercio entre pescadores y
agricultores; y hacían llegar los productos hasta largas
distancias, en la costa, sierra y selva.
Las construcciones que se hicieron en Caral estuvieron
relacionadas con ciertas orientaciones obtenidas de
observaciones astronómicas, y es probable que ellas
fueran erigidas para ciertos astros, que representaban a
los dioses, reguladores de la vida social. Al Sol, la
Luna y las cuatro cabrillas, el lucero, etc. (que ellos
representaban como seres divinos) les construyeron
templos en los cuales se celebraba una serie de rituales
de reconocimiento por los beneficios que de ellos
recibían. En esas ceremonias y rituales comprometían a
toda la sociedad. En suma, el poder que alcanzaron estos
señores se cimentó en el conocimiento que ellos poseían
y en el ser intermediarios con los dioses, para
garantizar el orden social y la reproducción de las
condiciones de vida materiales de la sociedad. Ellos
desarrollaron conocimientos de matemática, geometría,
medicina, que quedaron plasmados en las obras que ahora
excavamos los arqueólogos. Hemos descubierto templos de
18 metros de altura que se han mantenido estables por
miles de años, construidos con piedras y barro,
conformados por terrazas y plazas. También observamos
los tratamientos médicos que administraban, por ejemplo,
con hojas de sauce, que ahora sabemos contienen ácido
salicílico, principio activo de la aspirina y se usa
para aliviar el dolor; y otros preparados cuyas
evidencias aun se están recuperando.
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En 1994 Ruth Shady recorrió nuevamente el valle
de Supe e identificó 18 sitios con las mismas
características arquitectónicas, entre los
cuales se encontraban los 4 conocidos como
Chupicigarro Grande, Chupicigarro Centro,
Chupicigarro Oeste y Chupicigarro. Para
diferenciarlos Shady los denominó, Caral,
Chupicigarro, Miraya y Lurihuasi. Caral, Miraya
y Lurihuasi son los nombres quechua de los
poblados más cercanos a los sitios. Chupicigarro
es el nombre español de un ave del lugar. Shady
excavó en Caral a partir de 1996 y presentó sus
datos por primera vez en 1997, en el libro La
Ciudad Sagrada de Caral-Supe en los albores de
la civilización en el Perú. En ese libro
sustentó abiertamente la antigüedad precerámica
de Caral, afirmación que consolidó de manera
irrefutable en los años siguientes, a través de
excavaciones intensivas en el lugar.
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El Proyecto Especial
Arqueológico Caral-Supe está a cargo de los trabajos
in situ. La arqueóloga Ruth Shady, viaja a esta ciudad
en forma permanente para continuar el trabajo de las
excavaciones y descubrimientos en esta parte de un
país arqueológicamente rico y de diversas culturas
milenarias.
Importancia del descubrimiento Caral
El descubrimiento de Caral, por sus características,
es uno de los más importantes de los últimos años para
la arqueología mundial. Una de las peculiaridades que
hasta la fecha llama la atención es que no se haya
descubierto ningún complejo militar en esta zona.
En Caral no hay indicios de violencia militar, aunque
sí hubo violencia para aquel que no cumplía con las
normas de la sociedad; el control se hacía a través de
la religión. Fue la religión el instrumento de control
y coerción que la sociedad tuvo, y que fue ejercido
por el grupo que la dirigía. El poder en la población
de Caral lo detentaba un grupo de individuos, sobre la
base de sus conocimientos directamente vinculados con
la reproducción de las condiciones materiales para la
supervivencia de la población. Este grupo de
dirigentes era el encargado de hacer las observaciones
astronómicas para elaborar el calendario y así indicar
los períodos de tiempo más convenientes para realizar
las diversas actividades económicas. Ellos fijaban las
fechas de la siembra y de la cosecha; dirigían la
construcción de las terrazas de cultivo y la apertura
de los canales de riego; conducían el comercio entre
pescadores y agricultores; y hacían llegar los
productos hasta largas distancias, en la costa, sierra
y selva
Descubridora
de la cultura Caral : Ruth Shady
Nacida en el Callao, el 29 de Diciembre de 1946, es
una de la más destacada arqueóloga peruana. Estudió en
la G.U.E. Juana Alarco de Dammert, y en la Universidad
Mayor de San Marcos, se licenció en Educación y se
doctoró en arqueología. Siguió diversos estudios de
post grado en el extranjero y se dedicó a la enseñanza
y al trabajo arqueológico en la Universidad de San
Marcos y en el Museo Nacional de Arqueología y
Antropología, donde también fue directora. Desde el
año 1994, se ha dedicado al estudio de los
establecimientos tempranos en el valle Supe, ubicando
18 de estos a lo largo de todo el valle, siendo una de
sus principales excavaciones, el sitio arqueológico de
Caral.
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